Informe IFIC: La actividad física, la nutrición y la salud ósea

July 06, 2010

Informe IFIC: La actividad física, la nutrición y la salud ósea


Abril 2002

Los huesos saludables son el fundamento de una vida energética y vital. Nuestros esqueletos son los que nos confieren movilidad, flexibilidad y respaldo mecánico, y también sirven como una reserva de calcio del que se nutre el cuerpo para mantener constantes los niveles de calcio en la sangre.
Formar y mantener huesos saludables durante toda la vida requiere de la complicada interacción de varios factores fisiológicos y de estilo de vida. En este informe se incluye un análisis del estado de la salud ósea de la población de los Estados Unidos y un resumen de las últimas investigaciones científicas sobre las relaciones que existen entre la actividad física, la nutrición y la salud ósea.

INFORMACIÓN BÁSICA SOBRE LOS HUESOS

Arquitectura ósea

Pese a que a menudo se considera que los huesos son algo inerte, de hecho son un tejido dinámico y vivo. Los huesos están construidos principalmente por una estructura de proteína de colágeno que los hace flexibles y fosfato de calcio mineralizado (hidroxiapatita), que los hace fuertes y rígidos. Esta combinación permite que los huesos soporten un considerable estrés mecánico (Heaney 1999).
Los huesos están formados por dos capas diferentes: una capa compacta externa (hueso cortical) y una capa interna reticular, que tiene aspecto de malla, (hueso trabecular).  El hueso cortical predomina en las diáfasis de los huesos largos como el del antebrazo, mientras que el hueso trabecular predomina en los huesos vertebrales (lumbares) y en los huesos de la cadera (Heaney 1999, Págs. 1328, 1329, Instituto de Medicina 1997).
Durante la vida los huesos experimentan ciclos de desgaste y reparación. Las células osteoclastos remueven al hueso viejo (resorción) y las células osteoblastos producen hueso nuevo (formación). Este proceso de modelado-remodelado es regulado por factores tales como el estado nutricional, el estado de las hormonas sexuales, los niveles hormonales paratiróideos y el estado de la vitamina D (Heaney 1999).
Quizás las etapas vitales más críticas para asegurar la salud ósea abarquen desde la niñez hasta los primeros años de la adultez. Durante estos años la formación de hueso es más activa que la pérdida de masa ósea, lo que da como resultado la acumulación neta de hueso. Aproximadamente 50 por ciento de la masa ósea se forma durante la adolescencia. Aproximadamente 90 por ciento del contenido de mineral óseo total se deposita antes de los 18 años, y 99 por ciento se deposita antes de los 22.  La densidad ósea se va formando lentamente hasta los 30 años, edad en la que se alcanza el pico de masa ósea (Matkovic 1991).

Factores que afectan la salud ósea

A continuación se enumeran varios factores modificables y no-modificables que influyen en la salud ósea (adaptado de National Institutes of Health [www.osteo.org]).

Factores modificables que promueven la salud ósea:
•    Actividad física regular
•    Hábitos de alimentación saludables
•    Consumo adecuado de calcio
•    Niveles adecuados de vitamina D

Factores modificables que aumentan el riesgo de pérdida ósea:
•    Fumar y abusar de las bebidas alcohólicas
•    Medicamentos tales como los anticonvulsivos o glucocorticoides (corticosteroides, prednisona, dexametasone)
•    Niveles bajos de estrógeno en las mujeres y niveles bajos de testosterona en los hombres

Factores no-modificables que aumentan el riesgo de pérdida ósea:
•    El sexo. Las mujeres corren más riesgos que los hombres
•    La edad. La pérdida ósea aumenta con la edad.
•    Tamaño corporal. Las mujeres pequeñas y delgadas son más susceptibles que las mujeres más grandes.
•    Etnicidad y herencia. Las mujeres caucásicas y asiáticas corren más riesgo. Las mujeres africano-americanas e hispánicas corren menos riesgos, aunque no están totalmente exentas.
•    Factores genéticos. Si alguno de los padres sufre de osteoporosis o de una fractura osteoporósica, los hijos tienden a tener una masa ósea reducida y aumentan sus riesgos.

Osteoporosis – La debilitación de los huesos

La osteoporosis, o “huesos porosos” es una epidemia en los Estados Unidos. El terrible hecho es que más de 28 millones de estadounidenses, ó 1 de cada 10 personas, sufre de esta enfermedad debilitante. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, los síntomas de la osteoporosis son la reducción de la masa ósea y el aumento de la fragilidad de los huesos y del riesgo de fracturas (Instituto de Medicina, 1997, Pág. 83). El riesgo de padecer una fractura osteoporósica está inversamente relacionado con la densidad ósea actual, que depende del pico de masa ósea durante la madurez y el subsiguiente índice de pérdida ósea (Nordin 1997).

Pese a que la osteoporosis se puede producir a cualquier edad, es más común en quienes tienen más de 50 años. Durante la edad adulta, el índice de pérdida ósea comienza gradualmente a superar al índice de formación de hueso, lo que da como resultado pérdidas netas (www.osteo.org). El índice de pérdida de hueso es más rápida después de los 55 años, especialmente después de la menopausia (Nordin 1997).

La osteoporosis es la causante de más de 1.5 millones de fracturas en los Estados Unidos todos los años. Tiene un impacto devastador en la calidad de vida, la salud pública y en los costos de la salud, y es más mortal que lo que muchos piensan. Una de cada dos personas que se fracturan la cadera jamás pueden volver a su estilo de vida anterior (Kulak y Bilezikian, 1998) y una de cada tres / una de cada cuatro personas que se fracturan la cadera fallecen dentro del año siguiente. Los costos directos de la salud atribuibles a la osteoporosis son de aproximadamente $14.000 millones al año (National Osteoporosis Foundation 2001) y se espera que superen los $60.000 millones en 2020 (Tucci 1998).

El 80 por ciento de las personas  que padecen osteoporosis  son mujeres y 20 por ciento son varones ., (National Osteoporosis Foundation 2001)  Las mujeres son más susceptibles porque tienen menos masa ósea total (un reservorio más pequeño) y el índice de pérdida ósea se acelera durante la menopausia. Después de los 50 años, 1 de cada 2 mujeres, y 1 de cada 8 hombres sufrirán una o más fracturas osteoporósicas.

Por lo general, la osteoporosis es “invisible” hasta después de la sexta década de vida. Muchas personas no saben que están perdiendo masa ósea ya que no tienen síntomas, hasta el momento en que sus huesos son tan porosos que incluso cualquier evento no-traumático y las actividades cotidianas les producen dolorosas fracturas de cadera o colapso vertebral y quifosis (que es una curvatura exagerada de la región torácica de la columna) (www.osteo.org); Heaney 1993).

Pese a que la osteoporosis puede tener consecuencias nefastas tales como una fractura de cadera, recibe relativamente poca atención de la comunidad de la salud pública, especialmente si se considera que el riesgo de la osteoporosis en las mujeres equivale al riesgo de padecer cáncer de mama, ovarios y uterino combinados (Instituto de Medicina, 1997).

Perspectiva para una población que envejece

El hecho de que la población de los Estados Unidos está viviendo cada vez más tiempo es lo que alimenta a la epidemia de osteoporosis. La expectativa de vida aumentó drásticamente desde los 47 años de 1900 hasta los 75 en 1998 (Kerschner and Pegues 1998). Setenta millones de estadounidenses cumplirán 65 años antes de 2030, un número sin precedentes de ciudadanos ancianos. Dentro de este grupo, el segmento “viejo más viejo” (+ de 85 años) es que más rápido está creciendo, y además es el segmento que corre más riesgos de padecer fracturas de huesos (U.S. Bureau of the Census 2001).

Hay varios factores que componen el riesgo de osteoporosis, entre los que se incluyen las dietas de baja calidad, la incapacidad de adaptarse totalmente a un bajo consumo de calcio y bajos niveles o falta de hormonas sexuales femeninas y masculinas (Ensrud et al. 2000). De acuerdo con el Instituto de Medicina, la incidencia de fracturas de cadera podría triplicarse antes de 2040 (Instituto de Medicina, 1997, Pág. 83).

En vista del envejecimiento de la población estadounidense las perspectivas para la salud ósea empeorará a menos que se adopten importantes medidas preventivas. El informe oficial de salud pública del Ministerio de Salud de los Estados Unidos (Surgeon General) correspondiente a la década – Healthy People 2010 – intenta reducir 20% la proporción de adultos con osteoporosis antes de 2010 (Healthy People 2010).

¿Cómo se mide la salud ósea?

El análisis DEXA (absorciometría de doble energía) permite realizar mediciones rápidas, indoloras, no invasivas y altamente reproducibles de la densidad ósea (Instituto de Medicina, 1997).  Las mediciones de densidad ósea se usan para diagnosticar la osteoporosis, la baja densidad ósea y el riesgo de fracturas, y también para determinar los índices de pérdida ósea o la efectividad del tratamiento (National Osteoporosis Foundation 2001, Heaney 1999). Medicare cubre el costo de los análisis de densidad ósea a ciertas personas (National Osteoporosis Foundation 2001).

A MOVER LOS HUESOS: LA ACTIVIDAD FÍSICA Y LA SALUD ÓSEA

Nadie duda de que realizar actividad física periódicamente sea importante, tal como se indica en Nutrition and Your Health: Dietary Guidelines for Americans (Departamento de Agricultura y Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos 2000) y otros informes de similar importancia (CDC 2000, DHHS 1996).

Los beneficios para la salud que proporciona la actividad física se extiende a los huesos. Actividades físicas como levantar pesas, caminar, correr, danza aeróbica, tenis y gimnasia mejoran la salud ósea durante toda la vida ya que aumentan la masa ósea pico y disminuye la pérdida ósea (Instituto de Medicina, 1997; Weaver et al. 2000; Specker 1996; National Institutes of Health 2000). La actividad física también ayuda a prevenir las fracturas que se producen como consecuencia de las caídas ya que mejora la fortaleza muscular, el equilibrio corporal y la rapidez de reacción. La evidencia epidemiológica demuestra de manera constante que el riesgo de las fracturas de caderas disminuye entre 20 y 40 por ciento en aquellas personas que son físicamente activas en comparación con el riesgo que tienen aquéllas que son sedentarias (Gregg et al. 2000).

Se están efectuando investigaciones sobre cómo es exactamente que la actividad física mejora la salud ósea, cuánto dura el efecto, los mejores tipos de actividades y la duración e intensidad óptimas de la actividad.

Cualquier entrenamiento de alta intensidad con peso y los ejercicios aeróbicos vigorosos se asocian con una mejor densidad ósea, especialmente en el sitio de la tensión mecánica (Forwood and Burr 1993; Nelson et al. 1994, National Institutes of Health 2000). Sin embargo, existen estudios más recientes que se realizaron con niños y mujeres mayores y que sugieren que no es necesario que la actividad sea intensa para que tenga un efecto positivo en la salud ósea.

Por ejemplo, los niños prepúberes que realizaron sencillos ejercicios de salto tres veces a la semana durante 7 meses mostraron un aumento en el contenido de mineral óseo en la espinal lumbar y cuello femoral, en comparación con aquéllos del grupo de control que sólo realizaron ejercicios de estiramiento (Fuchs 2001). En un estudio que se realizó en múltiples centros durante 7 años y en el que se estudió a 10,000 mujeres mayores, tan sólo 1 hora de ejercicio aeróbico, tenis, danza o actividad con peso por semana se asoció con una reducción en el riesgo de fracturas de cadera y vértebras. Incluso menos de 1 hora semanal de actividades de baja intensidad como jardinería, caminar y bailar, disminuían el riesgo de fractura de cadera. Las mujeres sedentarias que permanecen sentadas por lo menos 9 horas por día tienen más riesgo de sufrir una fractura de cadera que aquéllas que permanecen sentadas por menos de 6 horas al día (Gregg et al. 1998).

La actividad física también es muy importante para las personas que ya tienen un diagnóstico de osteoporosis, pero el propósito debería ser mejorar la flexibilidad y se deberían evitar las tensiones excesivas o abruptas sobre los huesos (National Osteoporosis Foundation 2001).  Las cantidades excesivamente elevadas de actividad física que inducen amenorrea (ausencia anormal o supresión de menstruación) en las mujeres es perjudicial para la salud ósea y se la debería evitar (ACSM 1997, ASCM, ADA y Dietitians of Canada 2001).

Los patrones del sedentarismo son los que conducen a una pobre salud ósea

En promedio, los estadounidenses son terriblemente inactivos. Pese a que la mayoría de los adultos saben que la actividad física es importante (ADA 2000), 60 por ciento no realiza actividad física con regularidad  y 25 por ciento directamente no realiza actividad física (DHHS 1996).

Los niños son más activos que los adultos, pero la actividad física disminuye dramáticamente cuando ingresan en la adolescencia, según un informe reciente que los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades envío al Presidente (CDC 2000):


•    En 1999, 35 por ciento de los alumnos que cursaban entre 9no. y 12vo. grados no realizaba ningún tipo de actividad física vigorosa. Los niveles de inscripción en las clases de educación física disminuyeron de 79 por ciento entre los alumnos de 9no. grado a 37 por ciento entre los alumnos de 12vo. grado.
•    Los niños de entre 5 y 15 años caminaban o se transportaban  en bicicleta 40% menos en 1995 que en 1977.
•    A partir de los 10 años de edad, los índices de participación en programas de deportes para jóvenes declinan a ritmo constante hasta la adolescencia, y alcanzan su pico más bajo entre los 14 y 15 años.

La actividad física y la conexión con el calcio

La interacción entre la actividad física y el calcio dietario es muy importante para la salud ósea. Hay  estudios completos que demuestran que la actividad física afecta positivamente la densidad ósea cuando el consumo de calcio supera los 1000 miligramos por día (mg/d) (Specker 1996, Weaver et al. 2000). Durante períodos de extrema inactividad, como un descanso prolongado en cama, se produce pérdida de masa ósea incluso aunque el nivel de consumo de calcio es elevado (LeBlanc 1995). Se necesitan investigaciones adicionales para explorar la conexión entre el calcio dietario y la actividad física y como influye en la salud ósea.
 
LA DIETA Y LOS HUESOS – SON LO QUE COMEMOS

La manera en que comemos puede beneficiar o perjudicar la salud de nuestros huesos.

La Guía de la Alimentación y la Pirámide de los Alimentos fueron desarrollados teniendo en cuenta la salud ósea, por lo que si se cumplen las recomendaciones que aparecen en estas fuentes se podría ayudar a garantizar huesos fuertes durante toda la vida. Sin embargo, los hábitos alimenticios de pocos individuos cumplen estos consejos.

Según el Índice de Comidas Saludables, una medición combinada de la calidad general de la dieta que se basa sobre la Guía de la Alimentación y la Pirámide de los Alimentos, sólo 12 por ciento de la población consume una dieta “buena” y las carencias más importantes se producen en el grupo de productos lácteos ricos en calcio y en el grupo de las frutas. (Bowman et al. 1998).

Algunos patrones alimenticios afectan negativamente el consumo de los nutrientes que producen huesos. Por ejemplo, saltear comidas, apegarse a dietas con un contenido muy bajo de calorías, evitando los alimentos ricos en calcio, frutas, verduras y granos enteros, o bien consumiendo alimentos con alto contenido de calorías y baja cantidad de nutrientes en lugar de consumir alimentos más nutritivos. Muchos adultos y niños no toman el desayuno, lo que puede comprometer el consumo adecuado de nutrientes necesarios para la formación de huesos. (Nicklas et al. 1993, Haines et al. 1996, Krebs-Smith et al. 1996, Subar et al. 1998). Debido a que las personas de más edad consumen menos alimentos, les resulta especialmente difícil mantener una alta calidad nutricional (Blumberg 1997).

Entre los nutrientes que juegan un papel fundamental en la salud ósea encontramos al calcio, al fósforo, magnesio, flúor, las vitaminas D y K, macronutrientes tales como las proteínas, los hidratos de carbono y las grasas, y otros componentes dietarios como los oxalatos, filatos, fibra, sodio y cafeína. Procederemos a analizarlos en las siguientes secciones.

LOS MINERALES Y LA SALUD ÓSEA

EL CALCIO

“Caminamos sobre nuestras reservas de calcio”, afirmó un experto sobre la función integral que cumple el calcio en la salud ósea (Heaney 1999).
De hecho, eso es verdad cuando consideramos que el cuerpo contiene entre 900 y 1500 gramos de calcio (Heaney 1999) y que aproximadamente 90% del mismo está en los huesos (Instituto de Medicina 1997, Pág.. 38, Nielsen 1999).

Lo benéficioso que resulta el calcio dietario en la salud ósea especialmente en los grupos de los adolescentes y de las mujeres mayores, está bien establecido (Instituto de Medicina 1997, Heaney 2000, Welten 1995,

National Institutes of Health 1994, 2000). Consumos de calcio por debajo de 1000 mg/d se asocian con una masa ósea pico inferior (Weaver et al. 2000). Casi dos tercios de las fracturas osteoporósicas se pueden atribuir al consumo inadecuado de calcio (Heaney 1999). Reconociendo la función vital del calcio en la salud ósea, la Administración de los Alimentos y Fármacos de los Estados Unidos permite que los alimentos y suplementos dietarios ricos en calcio incluyan el aviso de que el calcio ayuda a combatir la osteoporosis.

Los consumos dietarios de referencia para el calcio y otros nutrientes formadores de hueso fueron revisados hace poco tiempo por el Comité Permanente de Evaluación Científica de los Consumos Dietarios de Referencia (comité CDR), por la Junta de Alimentos y Nutrición y por el Instituto de Medicina (ver Tabla 2). El panel consideró que el consumo equilibrado de calcio y la densidad mineral ósea son los factores clave para una salud ósea a largo plazo. El equilibrio del calcio es el resultado neto del consumo de calcio, la absorción del calcio y la pérdida de calcio a través de la materia fecal, la orina y la piel. La modificación de cualquiera de estos factores puede afectar el equilibrio del calcio, aunque el consumo de calcio es el determinante principal (Matkovic and Heaney 1992).
 
El calcio forma huesos fuertes a toda edad

El consumo adecuado de calcio es importante durante toda la vida, pero es particularmente importante durante los primeros años para poder lograr la masa ósea pico (Recker 1993, Nieves et al. 1995). Estudios aleatorios controlados con placebo que se realizaron con un grupo de mujeres prepúberes y adolescentes demostraron que los niños tenían mejores densidades óseas si consumían alimentos o suplementos enriquecidos con calcio.

Esta situación se daba principalmente entre los niños cuyo consumo de calcio era bajo (Johnston et al. 1992, Lloyd et al. 1993, Bonjour et al. 1997).

Consumir suficiente calcio es esencial para mantener la masa ósea adecuada desde los primeros años de la edad adulta hasta la ancianidad. Según una completa revisión de 139 estudios, en tres cuartos de los 86 estudios de observación, se halló una asociación positiva entre los consumos de calcio y los parámetros relacionados con la masa ósea.  Además, 50 de 52 estudios de intervención controlada demostraron que los altos consumos de calcio producían una acumulación mejorada de hueso, mayores ganancias de masa ósea durante la etapa del crecimiento, cantidades reducidas de pérdida ósea entre las personas mayores de edad o una disminución del riesgo de fractura (Heaney, 2000). Los suplementos con calcio evitaron la pérdida de masa ósea en las mujeres ancianas durante el invierno que es cuando el estado sub-óptimo de vitamina D a menudo acelera el recambio del hueso (Storm et al. 1998).

Por el contrario, una reciente revisión de 57 estudios llegó a la conclusión de que los alimentos lácteos mejoraban la salud ósea en las mujeres de menos de 30 años pero no en las mujeres de más edad (Weinsier y Krumdieck, 2000).

Calcio – cómo contener la pérdida de masa ósea durante la menopausia

Durante la menopausia se produce la pérdida de masa ósea porque existe un aumento dramático en los niveles de excreción de calcio y por la movilización de las reservas esqueléticas para tratar de satisfacer las necesidades de calcio del cuerpo. Un análisis de 20 ensayos importantes de pérdida de calcio indican que las mujeres post-menopáusicas en los grupos de control perdían masa ósea a razón de 1% por año, mientras que el porcentaje de pérdida de las que tomaban suplementos de calcio era de 0.014% (Nordin 1997). La suplementación con calcio redujo el riesgo relativo de fracturas osteoporósicas entre 25 y 70 por ciento en las mujeres de más edad (Cumming and Nevitt 1997, Reid 1998).

La interacción entre el calcio y el estrógeno es importante para retardar la pérdida de hueso en las mujeres post-menopáusicas (Bronner 1994, Haines et al. 1995, Prestwood et al. 2000). Sin embargo, la importancia relativa de cada uno parece variar en función del tiempo que transcurrió desde la desaparición de la menstruación. El índice de pérdida de masa ósea durante los primeros varios años de la menopausia es tan grande que el consumo de altas dosis de calcio no puede contrarrestarlo (Riggs et al. 1998, Recker 1993). En estudios de intervención controlados, el efecto de la suplementación con calcio sola se ubicaba en un plano intermedio entre los efectos del placebo y la combinación de calcio con terapia de reemplazo de hormonas sobre el retraso de la pérdida de masa ósea o en mejor el equilibrio del calcio (Aloia et al. 1994, Riggs et al. 1998). Por el contrario, la suplementación con calcio de hecho retrasó la pérdida de masa ósea en las mujeres que habían tenido la menopausia hacía 10 años (Devine et al. 1997). Entre las mujeres post-menopáusicas con osteoporosis establecida y fracturas espinales previas, la suplementación con calcio redujo la pérdida de masa ósea y la incidencia de nuevas facturas (Chevalley et al. 1994,  Recker et al. 1996).

Fuentes alimenticias de calcio y su absorción

Los alimentos lácteos son las principales fuentes de calcio en los Estados Unidos ya que proporcionan más de 73 por ciento del calcio presente en el abastecimiento de alimentos, seguidos por las frutas y verduras (9 por ciento) y los productos de grano (5 por ciento) (Instituto de Medicina, 1997). Las personas que no satisfacen sus necesidades de calcio con los alimentos lácteos, también disponen de otros alimentos y bebidas fortificados con calcio y densos en nutrientes como el jugo de naranja, otras bebidas a base de jugos, y cereales listos para comer (en la Tabla 3 se listan varios alimentos comunes que contienen calcio).

La eficacia de la absorción del calcio es influida por otros varios factores tales como el estado de vitamina D y otros varios componentes dietarios. El calcio se absorbe de manera similar de varios alimentos con calcio, fortificados con calcio y suplementos dietarios (Instituto de Medicina 1997, Págs. 73-74). Sin embargo, el calcio no es bien absorbido de alimentos tales como la espinaca, ruibarbo, patata dulce y habas secas que son ricos en oxalato que es un potente inhibidor de la absorción del calcio (Weaver y Heaney 1999) El fitato, que abunda en las habas crudas, soya, nueces y granos inhibe la absorción del calcio pero no tanto (Instituto de Medicina 1997, Pág.. 73, Weaver y Heaney 1999 Pág. 147). La cantidad de calcio absorbido de la leche de soya fortificada con calcio es menor que la que se absorbe de la leche de vaca  (Heaney et al. 2000). En la Tabla 3 puede verse la cantidad de calcio que se absorbe de los diferentes alimentos.
 
Suplementos de calcio: ¿Qué tan bien se los absorbe?

Pese a que los alimentos ricos en calcio son las fuentes preferidas de calcio, algunas personas necesitan de los suplementos porque no pueden alcanzar los consumos adecuados a través de la dieta exclusivamente.
En el pasado, la atención se centraba en las bio-disponibilidades relativas de diferentes formas de calcio suplementario. La mayoría de las formas (carbonato de calcio, citrato de calcio, lactato de calcio, gluconato de calcio y fosfato tricálcico) son comparativamente bien absorbidas si se desintegran (National Institutes of Health, 1994). El nivel de desintegración de un suplemento aparece en la etiqueta en forma de una designación de United States Pharmacopoeia.

Un suplemento que es particularmente bien absorbido es el citrato-malato de calcio (CMC), que también se usa para fortificar bebidas y jugos. El carbonato de calcio también es bien absorbido por personas que tienen secreciones ácidas gástricas normales o cuando se lo consume junto con una comida, porque se estimula la secreción ácida. En otros estudios directos de comparación, el CMC y el carbonato de calcio también demostraron ser bien absorbidos si se los toma junto con una comida (Heaney et al. 1999, Recker, 1993).

Debido a que el porcentaje de calcio total absorbido disminuye a medida que aumenta la cantidad de calcio que ingresa al intestino, la cantidad total de suplementos de calcio que se consuma a diario debería distribuirse en dos o tres dosis en lugar de en una dosis única (Heaney, 1991).

Eficacia de la absorción del calcio durante la vida

La eficacia de la absorción de calcio varía con la edad. La absorción es mayor en los recién nacidos y en los adolescentes porque están creciendo y desarrollándose (Matkovic, 1991). Los cuerpos de los jóvenes (de 9 a 17 años) pueden adaptarse a períodos breves de bajo consumo de calcio aumentando la absorción intestinal y reduciendo las pérdidas a través de la orina para conservar el calcio para los depósitos esqueléticos (O´Brien et al. 1996). Entre los adultos saludables, el porcentaje de calcio absorbido en los intestinos varía ampliamente. Según un estudio reciente de mujeres pre- y post-menopáusicas, la cantidad promedio de calcio absorbido era de 35% de la cantidad consumida, y oscilaba entre 17 y 58% (Wolf et al, 2000). 2000).

La eficacia de la absorción del calcio disminuye con la edad y contribuye a un aumento en el riesgo de fractura de cadera. Según un estudio prospectivo de cohorte de fracturas osteoporósicas que se realizó en diferentes centros, las mujeres post-menopáusicas que consumían dietas bajas en calcio y experimentaban bajos niveles de absorción intestinal de calcio eran las que más riesgo corrían de padecer fracturas de cadera (Ensrud et al. 2000).

El consumo de calcio comparado con las recomendaciones

En la Tabla 4 se comparan los consumos dietarios recomendados para el calcio con el consumo diario promedio según edad y sexo. La brecha más grande ocurre precisamente cuando aumentan los requerimientos de calcio, es decir, durante la adolescencia, cuando se necesita el calcio para producir masa ósea y durante la ancianidad, cuando se requiere el calcio para retardar la pérdida de hueso.
Entre 75 y 90 por ciento de las mujeres de más de 8 años de edad y varones de 9 a 13 años no alcanzan a cubrir los requerimientos de consumo de calcio adecuado (Instituto de Medicina, 1997). Esto se traduce en consumos inadecuados de calcio para millones de niñas jóvenes, adolescentes y adultos.

EL FÓSFORO

Ochenta y cinco por ciento del fósforo del cuerpo está localizado en los huesos, donde se combina con el calcio para formar el mineral hidroxiapatita, que es lo que le confiere fortaleza y rigidez a los huesos (Instituto de Medicina, 1997, Pág.. 38, Nordin 1997) Cantidades reducidas de fósforo dietario producen un desmineralización ósea aguda y la pérdida de calcio a través de la orina (Knochel 1999, Pág.. 160).

Fuentes alimenticias de fósforo y su absorción

El fósforo es abundante en el abastecimiento alimentario y es bien absorbido (entre 55 y 70%) de casi todas las fuentes, con excepción de los alimentos ricos en fitatos como las habas crudas, soya, nueces y granos (tema que se discute a continuación) (Instituto de Medicina, 1997, Pág.. 147).

En los Estados Unidos, aproximadamente la mitad del fósforo dietario proviene de alimentos ricos en proteínas como la leche, la carne vacuna, de ave y el pescado. Aproximadamente 12 por ciento proviene de los cereales (Knochel, 1999). Algunas bebidas carbonatadas contienen fósforo en forma de ácido fosfórico. Las bebidas cola contienen aproximadamente 40 mg de fósforo por cada porción de 12 onzas, las bebidas no cola por lo general no contienen fósforo (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, Laboratorio de Datos sobre Nutrientes 2001).

La vitamina D regula la eficacia de la absorción intestinal del fósforo (Instituto de Medicina, 1997). A diferencia del calcio, la eficacia de la absorción del fósforo no varía según la cantidad consumida. El consumo de altos niveles de magnesio combinado con el fósforo reducen la cantidad de fósforo que se absorbe (Shils, 1999, Pág.. 174). Los consumos de calcio dentro de un rango razonable no interfieren significativamente con la absorción del fósforo (Instituto de Medicina 1997, Pág. 149).

¿Afecta el fósforo negativamente la absorción de calcio?

Según datos científicos (Instituto de Medicina, 1997, Pág. 154, 185, 186), el fósforo no parece afectar significativamente la absorción del calcio. La relación entre el calcio y el fósforo consumido importa durante la infancia y períodos de crecimiento rápido, pero no durante la edad adulta (Instituto de Medicina, Págs. 152, 153). En estudios sobre equilibrio en seres humanos, se observó que un rango de variación de 30 en la relación calcio – fósforo no afectó la absorción ni el equilibrio del calcio. El comité de consumos dietarios recomendados (DRI) llegó a la conclusión de que para la mayoría de los grupos etarios no existe una base racional para relacionar entre sí las cantidades de calcio y fósforo consumidos (Instituto de Medicina, 1997, Pág.. 153).

En un estudio observacional, los niños mexicanos que consumían grandes cantidades de bebidas con ácido fosfórico exhibieron niveles levemente reducidos de calcio en el suero (Mazariegos-Ramos 1995). En atención a los datos disponibles, el comité de consumos diarios recomendados no pudo llegar a determinar si el efecto se debía al contenido de ácido fosfórico en las bebidas carbonatadas (Instituto de Medicina 1997). Un estudio reciente de las bebidas carbonatadas y la excreción de calcio en la orina en las mujeres demostró que el ácido fosfórico no aumentaba el nivel de excreción de calcio a través de la orina (Heaney, 2001).

El consumo de fósforo comparado con las recomendaciones

La ración dietaria recomendada de fósforo para adultos de más de 19 años es de 700 mg. Las dietas de los adultos en los Estados Unidos incluyen aproximadamente 1,320 mg de fósforo por cada 2,000 calorías y un promedio de 1.550 mg de fósforo por cada 2,500 calorías (Instituto de Medicina, 1997, Pág.. 156). Debido a que el fósforo está distribuido en abundancia en el abastecimiento de alimentos y una buena absorción intestinal se combina con niveles bajos de excreción urinaria, la deficiencia de fósforo dietario es extremadamente rara (Instituto de Medicina 1997, Pág. 157).

EL MAGNESIO

El magnesio es un cofactor en más de 300 reacciones enzimáticas y juega un papel fundamental en la función de las células óseas, en la cristalización del hidroxiapatita y en el crecimiento. Aproximadamente la mitad del magnesio del cuerpo se localiza en los huesos (Shils, 1999, Pág. 169). El magnesio de los huesos también sirve como una reserva para mantener normales los niveles de magnesio en suero (Instituto de Medicina, 1997, Pág. 191).

La deficiencia de magnesio puede jugar un papel importante en la osteoporosis. De acuerdo con un estudio observacional de 4 años de duración, el consumo más elevado de magnesio dietario se relacionaba con densidades más elevadas en el hueso de la cadera, tanto en los hombres como en las mujeres (Tucker 1999). Los resultados de ensayos controlados en los que mujeres pre- y post-menopáusicas tomaron suplementos de magnesio son contrapuestos. Se requieren más investigaciones para comprender con más exactitud cuál es la función que cumple el magnesio en la salud ósea a largo plazo (Instituto de Medicina, 1997).

Fuentes alimenticias de magnesio y su absorción

El magnesio está presente en una variedad de alimentos. Las frutas, las verduras, los granos y los productos animales aportan por separado aproximadamente 16 por ciento del magnesio dietario. Los alimentos lácteos aportan aproximadamente 20 por ciento del magnesio dietario en los adolescentes y aproximadamente 10 por ciento en los adultos (Shils, 1999, Pág. 172-173).
Casi la mitad del magnesio de cualquier dieta típica estadounidense es absorbido. La absorción se ve afectada por varios componentes alimentarios, de manera notable por la fibra dietaria y los fitatos (este tema se analiza más adelante). Lo mismo que sucede con el calcio, la eficacia de la absorción del magnesio es inversamente proporcional a la cantidad consumida. El fosfato dietario (PO4) disminuye la cantidad de magnesio absorbido (Instituto de Medicina, 1997), pero el cuerpo mantiene el equilibrio del magnesio porque disminuye la cantidad que se pierde a través de la excreción urinaria (Shils, 1999, Pág. 174).
El consumo de magnesio comparado con las recomendaciones
Gracias a la amplia distribución del magnesio en los alimentos de origen vegetal y animal, es muy difícil que las personas saludables que consuman la típica dieta estadounidense sufran de deficiencia de magnesio (Shils 1999, Págs.. 169, 172). Entre pacientes hospitalizados y muy enfermos, los índices de deficiencia de magnesio oscilan entre 7 y más de 40 por ciento (Shils 1999, Pág. 182).

FLÚOR


Más de 99 por ciento del flúor del cuerpo se localiza en los huesos y en los dientes. El flúor juega un papel fundamental en la salud dental, y este hecho es la base del nuevo nivel de consumo adecuado (Tabla 2) (Instituto de Medicina, 1997, Pág. 50).
Entre los adultos, aproximadamente la mitad del flúor que se absorbe a diario se deposita en los huesos y en los dientes. El índice de depósito en el tejido óseo varía con la edad y es más eficiente en los niños pequeños para soportar el desarrollo del esqueleto (Instituto de Medicina, 1997). Los niveles farmacológicos de flúor pueden estimular la formación de hueso nuevo (Instituto de Medicina, 1997).

Fuentes de absorción de flúor

En los Estados Unidos, el agua fluorada es la principal fuente dietaria de flúor. En promedio, el nivel de fortificación es de aproximadamente 1 mg de flúor por cada cuarto de galón de agua (Instituto de Medicina, 1997, Págs. 292, 293). Pese a que el flúor es ubicuo en los alimentos, por lo general, los niveles son bajos y varían considerablemente (Nielsen 1999, Instituto de Medicina, 1997).
La absorción intestinal de flúor es bastante eficiente, y oscila entre 75 y 90 por ciento (Nielsen 1999). Debido a que el flúor tiene una gran afinidad con el calcio, se pueden formar compuestos mal absorbidos cuando se ingieren simultáneamente con alimentos con calcio, lo que disminuye la cantidad de flúor absorbido a nivel intestinal en un 10 a 25 por ciento (Instituto de Medicina, 1997, Págs. 289, 291).

El consumo de flúor

El consumo adecuado de flúor oscila entre 2 y 4 mg/día en pre-púberes, adolescentes y adultos. Los consumos totales de flúor dietario (fluidos más alimentos) oscilan entre 1.4 y 3.4 mg/día en adultos que viven en zonas con aguas fluoradas (Instituto de Medicina, 1997, Págs. 292, 293). Las pasta dental con flúor y otros productos dentales pueden aportar cantidades significativas de flúor, incluso hasta llegar a exceder las cantidades que aportan las fuentes dietarias, si es que se los traga (Instituto de Medicina, 1997, Pág. 295).

EL EFECTO DE LA FIBRA Y DE LOS FITATOS EN LA ABSORCIÓN DEL MINERAL ÓSEO

La guía de la alimentación actual promueve el aumento en ingerir fibra a través del consumo de cantidades más grandes de frutas, verduras y granos enteros. En teoría, las dietas basadas sobre vegetales con altos niveles de fibra y fitatos pueden alterar el equilibrio mineral de una persona, pero esto no es un problema si se consume la fibra dentro de los niveles recomendados (20 a 35 g/día) (Instituto de Medicina, 1997, Pág. 81). Las dietas con alto contenido de fibra (de 39 a 59 g/día) producen una disminución en los niveles de absorción y retención de magnesio en comparación con los que corresponden a las dietas con niveles más bajos de fibra (9 a 23 g/ día).

Muchos alimentos con alto contenido de fibra como los cereales, las arvejas (algarrobas), habas y nueces también son ricos en fitatos, la forma almacenada del fósforo. El fitato, y no la fibra en sí misma, inhibe la absorción intestinal del calcio y del magnesio ya que vincula a dichos nutrientes con los grupos de fosfato (Weaver y Heaney, 1999, Pág. 147, Instituto de Medicina, 1997, Pág. 194). Además, la cantidad de fósforo que se absorbe de alimentos con alto contenido de fitato varía porque los intestinos del ser humano no tienen la enzima fitasa y deben depender de las bacterias colónicas y de los fitasas intrínsecas de los alimentos (Instituto de Medicina, 1997, Págs. 151-152). Debido a que el maíz y la avena tienen bajo contenido de fitasa, la cantidad de fósforo que se absorbe de estos alimentos es bajo (Knochel, 1999, Pág. 158). La levadura contiene fitasa, por lo que los panes levados no deberían interferir con la absorción mineral (Weaver, 1997, Pág. 147).

LAS VITAMINAS Y LA SALUD ÓSEA


VITAMINA D

La vitamina D es necesaria para la absorción y deposición del calcio y del fósforo en los huesos y en los dientes. Esta vitamina es fabricada en la piel y también puede obtenerse a través de fuentes dietarias.

La vitamina D es especialmente importante para la salud ósea durante los últimos años de la vida. Ensayos que involucraron la suplementación con cantidades razonables de vitamina D mejoraron la salud ósea entre personas ancianas (Reid 1998). Sin embargo, algunos estudios demuestran que los suplementos de calcio son más efectivos que los suplementos de vitamina D a la hora de reducir la pérdida de la masa ósea del hueso de la cadera (Peacock et al. 2000).

Una combinación de vitamina D y calcio parece ser particularmente efectiva para mejorar la salud ósea (Reid 1998). En estudios controlados de mujeres y hombres saludables ancianos, la suplementación con cantidades razonables de vitamina D y calcio produjo una mejora en la densidad ósea y redujo la cantidad de fracturas osteoporósicas al comparar con los números de los sujetos de control (Chapuy et al. 1992, Dawson-Hughes et al. 1997; Baeksgaard et al. 1998; O'Brien 1998). Además, la suplementación con una combinación de vitamina D y calcio redujo la cantidad de tambaleo del cuerpo entre mujeres ancianas después de 8 semanas; una mejora que puede ayudar a prevenir caídas y las consecuentes fracturas osteoporósicas (Pfeifer et al. 2000).

El raquitismo: ¿la reaparición de una enfermedad olvidada?


La deficiencia de vitamina D causa el raquitismo, una enfermedad dolorosa y deformante que se caracteriza por la desmineralización del esqueleto (Holick 1999) En el pasado, el raquitismo era bastante común en los

Estados Unidos, pero fue prácticamente erradicado después de que se comenzó a fortificar con vitamina D a la mayoría de los productos lácteos en la década de 1930-1940 (Holick 1999). De acuerdo con varios informes recientes, y pese a todo, el raquitismo está aumentando nuevamente y la suplementación con vitamina D debería ser obligatoria para los bebés de piel oscura que son alimentados exclusivamente con leche materna y que no son expuestos lo suficiente a la luz solar (Kreiter et al. 2000).

Fuentes de vitamina D y su absorción

Hay muy pocos alimentos que contienen vitamina D naturalmente. La leche y otros alimentos fortificados con vitamina D y los pescados grasos son excelentes fuentes dietarias.

La mayoría de las personas, satisfacen plenamente los requerimientos de vitamina D a través de la síntesis de la vitamina D que se produce en la piel y que ocurre cuando nos exponemos a la luz del sol (Instituto de Medicina, 1997). Los factores que pueden limitar esta síntesis incluyen vivir en latitudes muy al norte o muy al sur, pieles con mucha pigmentación y el uso rutinario de pantallas solares (Holick 1999)

Muchos factores ponen en riesgo a las personas mayores, especialmente a ancianos débiles que viven en latitudes muy al norte. Estos factores incluyen bajos niveles de consumo de alimentos ricos en calcio y en vitamina D, reducción de la eficacia de la absorción intestinal de la vitamina D, y menos exposición a la luz solar (que produce la falta de síntesis de vitamina D en la piel y de producción de su forma hormonalmente activa en el riñón (Blumberg, 1997).

El consumo de vitamina D comparado con las recomendaciones

Una evaluación precisa del consumo dietario de vitamina D no está disponible porque los datos sobre composición de los alimentos fortificados con vitamina D varían ampliamente (Instituto de Medicina, 1997). Sin embargo, los consumos promedio se ubican bien por debajo de los niveles recomendados para algunos grupos etarios. Por ejemplo, el consumo medio de vitamina D entre las mujeres jóvenes se estima en 2.9 miligramos por día (Mg/día) (Instituto de Medicina, 1997) y entre los ancianos se estima que es de 2.3 mg/día (Blumberg, 1997). Para las mujeres de entre 19 y 50 años, el consumo recomendado de vitamina D es de 5 mg/día, para las mujeres de entre 51 y 70 años se recomienda un consumo de 10 mg/día, y para las mujeres de más de 71 años, se recomienda un consumo de 15 mg/día.

LA VITAMINA K

La vitamina K es importante para el correcto funcionamiento de la osteocalcina, una proteína de la matriz ósea. Algunas limitadas investigaciones clínicas sugieren que el consumo adecuado de vitamina K está asociado con una disminución del recambio del hueso y la disminución de la excreción del calcio a través de la orina (Instituto de Medicina, 2001, Pág. 9)

Pese a que la vitamina K no está ampliamente distribuida en el abastecimiento de alimentos de los Estados Unidos, los consumos parecen ser suficientes (Instituto de Medicina 2001, Apéndice C-10) Las principales fuentes de vitamina K en la dieta de los Estados Unidos son espinaca, acelga, brócoli, lechuga morada, margarina y aceites vegetales. Además, las coles rizadas y los repollitos de Bruselas son excelentes fuentes de vitamina K (Instituto de Medicina 2001).

OTROS MICRONUTRIENTES

Los micronutrientes como la vitamina C, zinc, manganeso, cobre y boro también ocupan un lugar importante en la salud ósea. Estos micronutrientes, con la excepción del boro, son cofactores para las reacciones enzimáticas en la síntesis o modificación de los compuestos de la matriz ósea. El informe del Comité de Consumos Dietarios Recomendados (CDR) por sus siglas en Inglés, incluye una discusión detallada sobre estos nutrientes y la salud ósea (Instituto de Medicina, 1997).

LOS MACRONUTRIENTES

Las proteínas


La proteína dietaria aumenta los niveles de excreción de calcio y magnesio en la orina (Instituto de Medicina, 1997). Por cada 1 g de aumento en el  consumo  de proteína dietaria se produce de 1 a 1.5 mg de aumento en la excreción de calcio a través de la orina (Instituto de Medicina 1997, Pág. 75, Kerstetter et al. 1998). Sin embargo, la mayoría de los alimentos ricos en proteína tienen también un alto contenido de fósforo, lo que disminuye la excreción del calcio a través de la orina (Weaver y Heaney, 1999 Pág. 147). Pese a que los niveles altos de proteína dietaria aumentan el nivel de magnesio urinario, esto no representa una preocupación si  el consumo de magnesio es adecuado (Instituto de Medicina, 1997, Pág. 194).

Vale la pena destacar la existencia de dos estudios recientes que incluyen datos contrapuestos sobre el efecto que tienen las proteínas en el calcio urinario. En el estudio de osteoporosis de 600 mujeres y hombres de Framingham, no se observaron efectos adversos en la salud ósea debidos al aumento de consumo de proteína animal (Hannan et al. 2000).  Por el contrario, un estudio de 1000 mujeres mayores demostró que quienes consumían más proteína animal que vegetal experimentaban un índice mayor de pérdida de hueso femoral y tenían mayores riesgos de fractura de cadera (Sellmeyer 2001). Se realizaron algunos estudios posteriores que fueron criticados  debido a las inconsistencias internas de los datos (Heaney, 2001). Pese a que los efectos a corto plazo de las proteínas en la pérdida del calcio a través de la orina son claros, sus efectos negativos en la salud ósea a largo plazo no son tan claros.

En términos prácticos, el posible efecto negativo de la proteína dietaria en la excreción urinaria del calcio constituye un tema preocupante cuando el consumo  de calcio es baja y cuando la absorción de calcio no llega a compensar las pérdidas. Un coeficiente de relación calcio:proteína de 20mg:1g proporciona una protección ósea adecuada (Heaney 1998). El comité de CDR llegó a la conclusión de que ajustar los consumos recomendados para el calcio de acuerdo con la cantidad de proteína consumida no tenía ningún sentido (Instituto de Medicina, 1997, Pág. 76).

En el otro extremo del espectro, la proteína dietaria inadecuada daña a la salud ósea, especialmente entre las personas de edad avanzada. Un consumo bajo de proteínas (34 g/día) se asocia con un estado nutricional pobre, compromete las posibilidades de recuperación de las fracturas osteoporósicas y aumenta la pérdida de masa ósea en las personas de más edad (Instituto de Medicina, 1997, Pág. 76, Delmi et al. 1990; Hannan et al. 2000). En ensayos clínicos de intervención, la normalización del consumo de proteínas entre adultos mal nutridos mejoró los resultados clínicos después de una fractura de cadera (Bonjour et al. 1997 a).

Los hidratos de carbono


No existen evidencias que prueben que el consumo de hidratos de carbono tiene un efecto fisiológico directo sobre la salud ósea. Sin embargo, se piensa que una dieta con alto contenido de hidratos de carbono puede comprometer el estado de los huesos de forma indirecta porque se desplazan de la dieta los alimentos y bebidas ricas en calcio. Por ejemplo, hay varios estudios que demuestran que los niveles de consumo de leche rica en calcio han ido disminuyendo y que los niveles de consumo de bebidas carbonatadas, jugos y bebidas a base de jugos han ido aumentando, especialmente entre la población adolescente (Guthrie y Morton 2000, Fisher et al. 2001; Harnack et al. 1999). Sin embargo, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (2001) explicó hace poco tiempo que la relación entre el consumo de azúcares y el desplazamiento de nutrientes no es algo que se observa de manera constante. Se necesitan más estudios para determinar si existe en realidad una relación causa-efecto entre estos dos fenómenos.

Las grasas

La grasa dietaria es bien absorbida (97 a 99 por ciento). Sólo durante la esteatorrea es que el consumo de grasas afecta negativamente el equilibrio del calcio, debido a que se forman jabones insolubles de calcio en el intestino (Weaver y Heaney 1999, Pág., 148). En un estudio reciente, el consumo de grasa dietaria se relacionaba positivamente con la absorción intestinal del calcio (Wolf et al. 2000).

OTROS COMPONENTES DIETARIOS

El sodio

Debido a que la excreción urinaria del sodio y la excreción urinaria del calcio se producen juntas en los riñones, aumentar el nivel de sodio dietario desencadena pérdidas de calcio a través de la orina (Massey y Whiting 1996). Según datos de ensayos que se realizaron en individuos que aumentaron el  consumo  de sodio, cuando el consumo de calcio es moderado o alto, 500 mg de sodio ingerido como cloruro de sodio extraerá aproximadamente 10 mg de calcio (Instituto de Medicina 1997, Pág. 75, Massey y Whiting 1996).

Los datos relativos a los efectos a largo plazo del sodio en la salud ósea son escasos (Burger et al. 2000; Instituto de Medicina, 1997). Hay varios estudios que indican que existe una relación entre el consumo de sodio y los biomarcadores de recambio de hueso (Dawson-Hughes et al. 1996) y pérdida del hueso de la cadera (Devine et al. 1996).   Otros estudios no encontraron relación alguna con la densidad ósea de las personas ancianas o de niños prepúberes bien nutridos (Dawson-Hughes et al. 1996; Jones et al. 2001). Entre las posibles deficiencias de los mencionados estudios se pueden incluir el uso de diseños de sección cruzada y no longitudinales  y mediciones únicas contra mediciones repetidas cada 24 horas de la excreción urinaria del sodio.

El comité de CDR llegó a la conclusión que estos datos son insuficientes para garantizar el establecimiento de diferentes recomendaciones de consumo  de calcio sobre la base de los niveles de consumo de sodio (Instituto de Medicina, 1997, Pág. 75).

La cafeína

La cafeína causa un aumento temporero en los niveles de calcio urinario durante las primeras 1 a 3 horas posteriores a su ingestión; sin embargo, la cantidad de calcio excretado durante 24 horas no se modifica (Weaver y Heaney 1999, Pág. 148). Además, los efectos netos en el esqueleto son modestos cuando el consumo de calcio excede los 800 mg/día (Instituto de Medicina 1997). Además, datos recientes muestran que la cafeína en las bebidas carbonatadas tienen un efecto casi imperceptible en la excreción de calcio (Heaney 2001).

El consumo exagerado de cafeína (equivalente a más de dos o tres tazas de café de filtro cafeinado por día) se asocia con alguna pérdida de masa ósea en las mujeres post-menopáusicas con bajo consumo de calcio (Harris y Dawson-Hughes 1994, Krall y Dawson-Hughes 1999, Instituto de Medicina, 1997). El consumo de cantidades modestas de leche puede balancear esta pérdida de hueso (Barrett-Connor et al. 1994).

Las personas de más edad que consumen bajas cantidades de calcio deberían aumentar  el consumo  y moderar el consumo de cafeína. El comité de CDR llegó a la conclusión que estos datos son insuficientes para garantizar el establecimiento de diferentes recomendaciones de ingesta de calcio sobre la base de los niveles de consumo de cafeína (Instituto de Medicina, 1997).

INVESTIGACIONES EMERGENTES SOBRE LA SOJA


Ciertos estudios preliminares, que en ocasiones son conflictivos, sugieren que los alimentos a base de soya tienen un efecto positivo en la salud ósea. Dos pequeños estudios de 6 meses de duración demostraron que la proteína de soya y las isoflavonas aisladas (un componente de la soya) respectivamente, tenían efectos benéficos en la densidad del hueso espinal (Potter et al. 1998; Alekel et al. 2000). Sin embargo, no todos los estudios demuestran que la proteína de soya tiene un efecto favorable (Gallagher 2000). Otro estudio más importante que se realizó durante 3 años con mujeres de más edad llegó a la conclusión de que una isoflavona sintética (ipraflavona) no desaceleró la pérdida de masa ósea e indujo linfocitopenia en 13 por ciento de los sujetos (Alexandersen et al. 2001). Sin embargo, aún no es posible extraer conclusiones claras sobre los efectos y la seguridad de los compuestos de soya en la salud ósea a largo plazo.

¿DÓNDE SE UBICAN LAS BRECHAS EN LAS INVESTIGACIONES SOBRE LA SALUD ÓSEA?

Por naturaleza, las investigaciones sobre nutrición están evolucionando de manera constante y, a menudo, generan más preguntas que respuestas. En lo que se refiere a la salud ósea, se necesitan estudios bien diseñados para poder llegar a comprender mejor:

•    los tipos, la intensidad y la duración de la actividad física que se requiere para optimizar la salud ósea durante toda la vida y la interacción de la actividad física con el calcio dietario
•    la importancia e interacción relativas entre el calcio dietario y la terapia de reemplazo de hormonas en las mujeres post-menopáusicas.
•    la influencia del magnesio dietario en la salud ósea a largo plazo y el riesgo de fracturas osteoporósicas
•    los efectos que tienen las pantallas solares en el estado de la vitamina D
•    la influencia de los micronutrientes tales como el boro, el manganeso y la vitamina K
•    los efectos a largo plazo del sodio y las proteínas
•    los efectos y la seguridad de los compuestos de soya y otros fitoquímicos
•    los efectos de la dieta y el estilo de vida en el hombre y en las poblaciones minoritarias
•    las barreras atitudinales y conductuales, y los motivadores para mejorar la salud ósea

RESUMEN Y CONCLUSIONES

Lograr y mantener una óptima salud ósea requiere de una combinación de muchos factores modificables y no modificables y es un asunto importante durante toda la vida.

En los Estados Unidos, la osteoporosis se ha transformado en una epidemia silenciosa con un enorme alcance que afecta a millones de hombres y mujeres. Genera una enorme carga en el sistema de atención de la salud, compromete la calidad de vida, y año tras año causa la muerte  a más personas que el cáncer de mama o el cáncer de próstata. La actividad física regular, particularmente cualquier actividad con peso, juega un papel fundamental en la salud ósea y se la debe alentar.

Millones de estadounidenses, especialmente las niñas y las mujeres jóvenes no están consumiendo suficiente cantidad de calcio.

Los profesionales de la salud deben estar alertas y atentos a detectar condiciones que comprometen el estado de vitamina D, como por ejemplo, vivir en latitudes muy al norte o muy al sur en el caso de ancianos que permanecen mucho tiempo dentro de sus hogares. Los exámenes para analizar la densidad ósea son métodos rápidos e indoloros para determinar el riesgo de osteoporosis y las terapias apropiadas.

Pese a que la proteína dietaria, el sodio y la cafeína pueden aumentar las pérdidas de calcio a través de la orina, parecería no ser posible que los consumos moderados comprometan la salud ósea en el largo plazo siempre y cuando el consumo de calcio dietario sea el adecuado. Se requieren investigaciones adicionales.

En línea con las Guías de la Alimentación para los Estadounidenses y la Pirámide de los alimentos, cualquier consejo dietario debería enfatizar el consumo de una variedad de alimentos y bebidas formadoras de huesos, particularmente los alimentos ricos en calcio y cantidades moderadas de proteína y sodio.

Debido a que muchas personas no consumen todo el calcio necesario, alentar el consumo de las cantidades adecuadas de alimentos y bebidas enriquecidos y fortificados con calcio debería ser una prioridad.

Se están realizando investigaciones emergentes para explorar los beneficios potenciales de los compuestos de soya en la salud ósea. La evidencia disponible es conflictiva y, por lo tanto, se aconseja a los profesionales de la atención de la salud que se mantengan informados sobre los nuevos estudios que se realizan en esta área.

La ciencia de la nutrición evoluciona constantemente y las investigaciones futuras llegarán a elucidar los roles independientes y combinados que cumplen factores modificables tales como la actividad física y la nutrición en la salud ósea.

Los profesionales de la salud pueden jugar un papel trascendental si es que pueden optimizar la salud ósea durante todo el ciclo de vida, particularmente durante el crecimiento y la ancianidad.

Average ( Ratings):